Un extraño para navidad
- Sinceramente Apasionadas
- 10 ene 2021
- 20 min de lectura
Actualizado: 28 abr 2021
Por Fantasia
Diciembre 22, 2019

Sus pies ya le dolían de todo lo que había corrido por los largos pasillos del aeropuerto John F. Kennedy en la ciudad de New York. La meta de la joven era llegar al estacionamiento antes que aquellas monedas terminaran con el tiempo dispuesto para el parqueo de su auto y el crédito le dejara una no muy querida multa, cosa que no podia darse el lujo en estos momentos, ya que su economía no estaba en su mejor estado.
Corrió como si fuese fin de mundo, en su pensamientos sólo estaba en evitar la multa y llegar a casa para terminar el reporte de la universidad y por fin tomar unos días libre, mismos que merecía luego de terminar una de las materias más fuertes y de salir de la “profesora del mal”, como dulcemente le llamaba Candy.
Estaría sola para navidad; justamente acababa de dejar a sus amigas y los novios de las misma en el aeropuerto. Dos semanas antes y para su sorpresa las ambas parejas habían decido este año pasar la navidad en una cabaña en las montañas de Georgia, deseaban sentir la paz que sólo se consigue en la naturaleza y que la gran manzana no les daba.
Hubiese deseado ir, pero la “profesora del mal” se le ocurrió a ultima hora que toda la clase hiciera una tarea para ganar puntos extras en el examen final de la misma y ella no iba a perder la oportunidad de sacar un mayor puntaje, y aunque estaba segura que pasaría la materia, no la pondría en juego por nada. Una dude sus virtudes era la terquedad y aunque sus amigos le ofrecieron de todo para que les acompañara, esta dijo simplemente y de forma coártate que no. Tenia beca debido a su desempeño en la escuela y durante estos años de universidad y en su vida sus estudios eran prioridad.
La cinta rosa de su pelo quedó en el olvido por la forma tan rápida y agresiva en la que se dirigía a su meta, corrió y corrió entre la amplia multitud hasta que un fuerte muro de músculos la tiró al piso logrando que su cartera y todo lo que esta contenía saliera volando en el aire.
– Disculpe por favor –dijo sin siquiera levantar la mirada, colocando nuevamente todo en su cartera y volviendo a correr dejando a un hombre de ojos tan azules como el mar mirando la dueña de aquellos rizos rubios rojizos desaparecer entre la multitud.
Si había algo que odiaba Terence Granchester, era volar en comercial, no recordaba cuándo fue la última vez que lo había hecho y este encuentro con la ricitos dorados confirmaban que esta sería su ultima vez. Desde que tomó la presidencia hace 5 años de las empresas constructoras Granchester y con apenas hoy 27 años de edad; su vida se había convertido en un constante volar de un lugar a otro, sin importar el día, ni la hora y menos la fecha.
Tomó su bufanda y celular del piso y comenzó su camino a la puerta del avión con destino a Chicago. Hoy mas que nunca, lamentaba e haberle otorgado licencia durante las fiestas a su piloto para estar con su familiares en Inglaterra. A ultima hora y sin ningún otro que pudiese prestarle servicios, pidió a su asistente le reservara el primer vuelo con destino a la ciudad de Chicago ya que tenia que ir a firma el nuevo contrato para la construcción de los hoteles Lagan.
Entró al avión, colocó su equipaje bajo su asiento y cerró por minutos los ojos antes de comenzar a ocupar su tiempo de vuelo en las diferentes tareas que tenia pendiente en su laptop. Sin darse cuenta quedó dormido, estaba mentalmente cansado por el exceso de trabajo de los últimos días. La voz de la azafata le despertó mientras anunciaba que debían apagar todos los dispositivos electrónicos y tomando su celular de bolsillo de su abrigo prosiguió a hacerlo, cuando al encenderlo una imagen de Hello Kitty de fondo de pantalla le daba la bienvenida al celular de la mujer con la que se había tropezado. Pensó en llamarle, pero ya era tarde, el avión ya se encontraba en el aire.
Llegó justo a tiempo para subirse a su volkswagen beetle 2005 verde. Estaba feliz, la suerte. estaba de su lado y hoy sería el mejor de sus días. Había logrado terminar su reporte en la laptop de Annie, ya que la suya había sufrido un pequeño problema al dejarle caer una taza de café frío mientras estudiaba de madrugada. Sólo era cuestión ahora de llegar a la primera tienda de Office Max e imprimir su trabajo, entregarlo mañana en la universidad y a partir de ese momento estaría 100% libre para ver su serie favorita Friends, bordar los pedidos de la ropa de bebé que realizaba para ganar dinero extra y comer pizza fría todos estos días.
Feliz ante la posibilidad de tener una tranquila fiesta de navidad, llegó a su aparta-estudio fuera de el campo de la universidad, tiró su cartera en el sofa rosa, quitó el abrigo de su delgado cuerpo, sacó las botas las botas y se dirigió a prepararse un café cuando notó algo andaba mal. No le habían enviado mensaje de texto o llamado en todo el camino a su casa, cosa que era raro ya que sus amigas siempre le estaban enviado mensajes. Caminó al sofa, sacó su celular y sus verdes ojos se abrieron más de la cuenta en el momento en que vio que este, que tenia en sus manos no era el suyo.
Por segundos quedo paralizada ante aquel aparato. «Mi reporte», pensó con dolor ante la posibilidad de reprobar una de las materias más importantes de su carrera. Respiró profundamente tratando de buscar soluciones a lo que le estaba pasando, entonces se dio cuenta que el celular tenia reconocimiento de cara y código para desbloquearlo. Odiaba la tecnología en estos momentos y odiaba ser tan despistada.
No había prestado atención cuando chocó con aquel hombre a quien ni siquiera le vio la cara. Comenzaba a sentirse angustiada y frustrada. Lagrimas comenzaron a salir de sus ojos sin dejar de ver el celular que ahora estaba sobre el sofa; «La mala suerte volvía y esta vez para quedarse», pensó sin saber que hacer, sólo esperaba que aquel hombre se diera cuenta y la llamara para cambiar dispositivos y así poder entregar a tiempo su reporte.
El viaje no fue tan placentero como hubiese deseado, pero ya estaba sentado en la limosina que le llevaría al hotel y mañana a las empresas Lagan para terminar las últimas pautas de la construcción del nuevo hotel en la ciudad de Miami. Este contrato significaba millones de ingresos a la constructora y el poder una vez más mostrarle a su padre que podía llevar la empresa a un nivel mucho mayor del que él la había dejado.
Recordó que llevaba en su bolsillo el cellular de la rubia con la que había chocado y lo sacó para encenderlo. Su sorpresa fue increíble al ver tantas notificaciones de redes sociales, mensajes de textos, WhatsApp y llamadas. «Sí que es popular esta mujer y confiada al no colocar bloqueo a su celular», pensó al abrirlo, buscar el teclado y marcar su número.
9:37 de la noche y nada de su celular, reporte o de cómo contactar a sus amigas ya que no se sabía ninguno de los número de teléfonos de memoria. Tirada en el suelo mirando fijamente al celular negro que en estos momentos odiaba lloraba sin poder parar, su nariz estaba roja, sus ojos verdes hinchados y sus labios mordidos denotaban el estado en que la joven se encontraba. Había orado de todas las formas que conocía y nada. Por momentos pensó que quizás aquel hombre se quedaría con su cell, entonces miró el que tenia en las manos y sonrió con sarcasmo,
«Este es un modelo nuevo, el tuyo es reliquia», pensó mientras analizaba detenidamente el aparato.
«Si tan sólo le hubiese dejado el cobertor rosa quizás no me hubiese confundido», se recriminaba una y otra vez
«Perderé la materia, perderé la beca y no podré continuar, es injusto… He luchado tanto por salir adelante, por ser mejor y no faltar a todo lo que me enseñaron en el orfanato las monjas ¿Por qué?», pensaba sintiendo que cada vez más caía en un hoyo negro, entonces el sonido del celular la sacó de sus pensamientos. Era su número en la pantalla, lo tomó corriendo y sin dudar deslizó el botón verde y colocó el celular en su oido.
– ¿Dónde estas? Necesito mi celular ahora mismo. –le amenazó al contestar luego de limpiar sus lagrimas con sus manos.
– Buenas noches, creo se saluda ante una llamada. –contestó fríamente el joven
– Disculpa por favor, es que –sollozos–… es que –más sollozos–y sin más comenzó a llorar por la frustración que tenia y había cargado durante tantas horas de espera. Esto era lo que Terence menos esperaba; odiaba ver o en este caso escuchar a una mujer llorar y respirando profundamente trato de buscar las palabras necesarias para tranquilizarla.
– Tranquila no es el fin de mundo, tranquila.
– Es que… –más sollozos–
– Si no te tranquilizas no podré entender lo que deseas decirme. Hagamos algo. –pidió con la voz más dulce que jamás había usado– Respira… Adentro y afuera para que te relajes, es más vamos a hacerlo juntos ¿Sí? -inquirió mientras el conductor de la limosina lo miraba sin entender y ella comenzaba a relajarse poco a poco mientras respiraba al ritmo que el le pautaba.– ¿Mejor? –le preguntó y ella sin decir nada sólo respiró fuertemente y comenzó a tranquilizarse. La suave voz del hombre había logrado despertar sus sentidos y sentir una paz que nunca antes había sentido en su vida.
– El reporte de la clase que debo entregar mañana a las 8am está en mí cellular. –le explicó ya más calmada y con los ojos cerrados.– Mi nota final de la materia depende de ese reporte y que mis grados sigan elevados para mi beca.
– Entiendo. –afirmó mirando cómo se detenía la limosina fuera del hotel y le abrían para salir.
– ¿Dime dónde estas y llego de inmediato? –preguntó al hombre mientras caminaba a colocarse sus botas– Necesito imprimirlo.
– Creo estoy un poco retirado de ti en estos momentos. –dijo mientras tomaba la llave de su habitación y se dirigía a la habitación que ocuparía por esos días.– si se desconecta es por entro al elevador y te marco de inmediato. –dijo justo al momento que se cerraban las puertas del elevador y se cortaba la comunicación.
Fueron menos de dos minutos, pero deseaba volver a escuchar la voz de la joven. De inmediato y al salir le volvió a marcar y ella contestó del primer timbre.
– Hola –dijo ahora suave y más tranquila.
– Hola –sin darse cuenta comenzó a sonreír y eso le gustó.– Ya estoy en mi habitación, ahora sí podemos hablar tranquilamente. –añadió mientras se quitaba el abrigo, la corbata, los zapatos y los arrojaba sobre la cama.– ¿Decías que tienes que entregar un reporte mañana y que está en este cellular?
– Sí. –respondió subiendo al mueble, colgando su espalda en él mismo y cerrando los ojos ante la paz que sentía en este momento. Era un sentimiento parecido al que tenia cuando visitaba su hogar, aquel orfanato, donde se sentía tan amada y parte de alguien.
Él, Terence hizo lo mismo y cerrando los ojos se la imaginó.
– Estoy en Chicago en estos momentos. –informó sin abrir sus ojos y sintiendo que descansaba por primera vez en mucho tiempo.
– ¡Mi ciudad! –afirmó la joven. «Mi hogar», pensó. Los mejores años de su vida habían sido junto a sus tutoras, aquellas mujeres que le enseñaron todo lo que hoy sabe y le dieron tanto amor desde aquel día que llegó al Hogar de Poni, su casa.
– ¿Eres de aquí? –inquirió Terence; quería saber de ella, era como si se sintiera atraído por su voz, cuál sirena en alta mar deseaba seguir escudando su cantarina voz.
– Si. –respondió melancólicamente– Más bien soy de un campo fuera de la ciudad. Lakewood. Es pequeño, pero muy cálido y la gente es bien amable.
– Interesante. Pequeño, cálido y amable–repitió sus palabras y volvió a sonreír. No entendía qué le pasaba, pero le gustaba, le gustaba mucho esto que sentía en estos momentos.
– ¿Qué voy a hacer? –dijo volviendo a su realidad.
– ¿No guardaste copia en tu computador? –preguntó tratando de ayudarla.
– Se me ha dañado y lo hice en la e mi amiga Annie, ella está en las montañas.. –habló sin parar.– Son más de 50 páginas, horas de investigación e información que sería imposible recordar y rehacer en tan poco horas.
– Ok. –respondió al darse cuenta que los sollozos podrían regresar al escuchar el tono de voz con que le hablaba. – Hagamos lo siguiente, ¿Dónde está? y yo me encargo. –ella le guió paso a paso dónde guardaba sus documentos y cómo encontrar las fotografías en su email. El se dejo guiar por la suave voz de la joven. – Ahora necesito que apuntes mi contraseña y entres a mis contactos y me envías el de Luisa López y Michael por favor.
– ok. ¿Qué vas a hacer? –preguntó un poco asustada.
– Confía en mí. ¡Yo me encargo! Debo asistir ahora a una cena con unos ejecutivos y terminará tarde. Mañana te llamo o escribo temprano.
– ¿Pero… Pero? –quiso preguntar, pero él no la dejó.
– Ya tengo que retirarme. Hablamos y quedate tranquila, que yo me encargo. –y con ello cerró la llamada dejando a una Candy rendida y totalmente dormida en aquel sofa.
Diciembre 23, 2019
El sonido del timbre de la puerta le había despertado y el dolor en el cuello le recordaba que terminó dormida en aquel mueble rosa que antes de este día juraba amar. Pasó sus manos por la cara, miró el reloj de la pequeña cocina dándose cuenta que apenas eran las 7:00 am, se levantó y caminó a la puerta de su aparta estudio. Al abrir un hombre vestido de negro le saludó, preguntó su nombre y le entregó un sobre de manila y de inmediato se retiro.
Curiosa lo abrió y sus ojos brillaron al darse cuenta de que su reporte estaba en sus manos, completo, a colores y en un papel de hilo que le daba un toque de sofisticado y elegante al mismo tiempo. Llevó aquel paquete al pecho, miró al cielo y dio gracias mientras iba saltando junto al celular, colocó los números de contraseña que le había dado el hombre la noche anterior y procedió a marcar su número.
– Buenos días. –contestó Terence medio sofocado al para de correr en la máquina que se encontraba en el gimnasio del hotel.
– Gracias –le gritó en el oido– No tengo cómo pagarte esto que has hecho por mí. –una risa salió de sus labios e inundó de felicidad a aquel hombre que sin darse cuenta sentía que tenia que hacerla sonreír a toda costa.
– ¡Claro que tienes con qué pagarme! –respondió pícaramente y un silencio se hizo dueño de aquella conversación– Sacando la mejor nota posible. Tantas lagrimas deben valer mínimo una B. –ella respiró profundamente y volvió a sonreír.
– ¿Quién le ha dicho a usted que soy mujer de B? –dijo ahora jugando el mismo juego que él había comenzado. Terence comenzó a caminar a la enorme ventana dude vidrio y fijar su mirada en aquella ciudad e imaginar que estaba en New York. Anoche antes de salir a su cena con los Lagan había dejado todo listo con su asistente personal y chofer, además de informarles del nuevo número que tendría hasta volver a la ciudad. Se levantó bien temprano y se aseguró que ella recibiera su reporte antes de las 7:00 de la mañana, para que tuviese tiempo de llegar a su clase.
¿Por qué tantas atenciones? Ni el sabia, pero le había gustado hacerlo.
– Imagino que eres de las que lloran cuando sacan B ¿o me equivoco? –preguntó sonriendo
– Bueno lo de ayer es un caso a parte del cual nadie debe enterarse. –susurró apenada– Tengo una reputación que guardar.
– Jajaja –una fuerte carcajada salió de sus labios– Así que para tus amigos eres una chica fuerte.
– Por supuesto que soy fuerte. Muy fuerte –insistió ella mientras se mordía el labio inferior– Digamos que conoces ahora una parte de mí que nadie conoce.
– Entonces soy privilegiado en conocer tu secreto.
– Muy privilegiado. Me has visto vulnerable y eso nadie lo había visto antes. –le respondió sin darse cuenta que le estaba contando demás.– No muestro mis sentimientos tan fácilmente y ayer me sentía frustrada y pensaba había perdido todo por lo que he luchado tanto. Creo que me viste en la etapa oscura a la que no dejo a nadie ver.
– No te preocupes mis labios están sellados y mis oídos siempre estarán aquí para cuando me necesites. –un breve silencio reino entre ambos, pero no era incomodo, al contrario, era com si el silencio dijese más que sus palabras.
– Gracias. –le dijo de forma sincera y sonriente– Ahora debo prepararme para la clase, te dejo saber cómo me va cuando vuelva.
– Estaré esperando tu llamada.
– Algo más… ¿Podrías enviarme los contactos de Annie y Patty? Son mis mejores amigas y deben estar preocupada de que no le escriba o llame.
– Te han enviado unos 50 mensajes esta mañana…. Ahh y tu cuenta de Instagram tienes unos 10 mensajes de ordenes.
– ¿Leíste mis mensajes? –preguntó pícaramente
– No señorita. –respondió de forma ofendida– Usted no tiene bloqueo y en la pantalla sale todo.
– jajajaj. –fue el turno de reír de ella.– No te preocupes, si puedes por favor escríbele a Annie lo que pasó y me envías fotos de las ordenes para procesarlas con las direcciones y número de pedidos por favor.
– ¿Algo más jefa? –le preguntó
– Sí…. Gracias por salvarme y escucharme ayer.
– Ha sido un placer…. Ahora ve trae esa A para que celebremos que valió la pena conocernos.
– Ya ha valido conocerte…. Adiós. –y cerrando rápidamente colocó el teléfono en su pecho y sonrió.
La tarde había llegado lenta y pesada. Sus tantas reuniones con los Lagan le tenían cansado y agotado, pero lo que más le molestaba y no lo iba a negar, era el hecho de no haber recibido mensaje Candy.
Durante las reuniones colocó el teléfono a su lado, cosa que nunca hacia, pero esta vez quería estar pendiente de cómo le había ido. Se sentía de una forma indirecta parte del proyecto y la angustia de saber so .e había ido bien le estaba matando. La vibración del aparato le sacó de sus pensamientos y sonrió al ver su nombre en la pantalla del celular. Pidió disculpa a los presentes y dejó que sus abogados continuaran con la negociación ya que lo que restaba eran cláusulas legales y estipulaciones para dejar todo listo y mañana volver a su ciudad.
Se dirigió a la oficina que le habían prestado por ese día y cerró con seguro mientras abría la llamada y colocaba el celular en el oido.
– Hola. –dijo de forma expectante
– Paseee con A+ –le gritó al oido feliz. El sonrió y alejó el celular un poco de si.
– Felicidades. Tenemos que trabajar un poco en tus gritos por el celular.
– Estoy feliz, no te imaginas lo que esto significa para mi beca. La tendré full un semestre más y me añadirán los libros y podré pedir el computador.
– Estoy muy feliz y orgulloso de ti pecosa. –tarde se dio cuenta que había dejado salir aquel nombre con el que la bautizó la noche anterior mientras veía sus tantas divertidas fotos en el celular. No podia dormir y tomo el aparato de la joven y comenzó a husmear y al encontrar su galería de imágenes se divirtió viendo cada una de sus fotos. Había quedado maravillado ante la imagen de la pecosa de rizos dorados rojizos y lo divertida que cada foto le parecía.
Amanecido mirando el mundo de la joven a travez de sus fotos.
– ¿Cómo me has llamado? –Preguntó molesta
– ¿No vas a negar que tienes pecas en la nariz?
– ¿Cómo sabes eso? –inquirió y de inmediato recordó que él tenia su celular. – Te atreviste a mirar mis fotos…. Eres un mal educado
– ¿Entonces no ten gustan tus pecas?
– Claro que me gustan y para tu información las colecciono. –respondió molesta más que antes– ¿Me imagino que estas celoso por que no tienes ninguna?
– No, no tengo, y debo decirte que son las pecas más hermosas que he visto en toda mi vida. –ella cambió el semblante y se sentó en su sofa sin decir palabra alguna. Acaso él pensaba que ella era linda. Anoche había buscado sobre él y al ver su foto quedó baca abierta ante la figura de dicho hombre. Era una especie de dios griego vestido de Armani, descubrió mucho más de lo que hubiese querido saber.
– ¿Me vas a negar que entraste a mis fotos? –preguntó cambiando de tema al ver que ella no hablaba
– No tienes ninguna foto tuya. Sólo de gráficas y aparatos –le dijo y tapó sus labios al darse cuenta que había metido la pata hasta el fondo. El sonrió de medio lado y luego mordió sus labios al darse cuenta que ella también tenia curiosidad por saber de él.
– Jajajaja. –se carcajeó– No soy el único curioso.
– Esta bien si busqué, pero era para saber con quien hablaba. Digamos que fue una investigación de seguridad.
– ¿Y qué descubrió la señorita en dicha investigación?
– Que estudiaste administración de empresas, que estás encargado de las empresas de tu papi y que…
– ¿Y?
– Que eres un play boy…
– jajajaja. Ya quisiera yo. Pero no, no soy eso que dicen….
– Bueno es tu vida y puedes hacer lo que quieras. –le respondió medio molesta sin entender.
– Cambiando de tema, hablé con Annie y Archie. Te llamaron insistentemente y pensé era importante el contestar.
– Muchas gracias. ¿Te amenazó Archie y Annie te dijo que no me dejes sola?
– ¡Veo que ya hablaste con ellos!
– Aún no, pensaba hacerlo después de ti, pero los conozco a ambos demasiado. Creen que soy una niña por que soy un año menor.
– Es normal, te quieren, cuidan y preocupan.
– Sí. Es lindo tener quién se preocupe por uno y que quien lo mejor.
– Debo volver a salón de conferencias, pero ¿Qué tan si hacemos una video llamada al llegar al hotel y nos presentamos formalmente? –preguntó con algo de miedo
– Suena como un plan.
– Entonces en dos horas y media te llamo y nos presentamos formalmente.
– Será un placer conocer al caballero de dorada armadura que me salvo la vida y mi nota.
– Para mí también será un verdadero placer conocer la pecosa de rizada cabellera.
– ¿Tienes que llamarme así?
– Es mi forma personal de llamarte. Cualquiera te puede llamar Candy or Candice, pero sólo yo te llamo Señorita Pecosa.
– En este caso debo buscar un adjetivo para usted caballero.
– Creo que suena buena la idea, sería como algo nuestro que nadie más sabría.
– Si, algo nuestro. –dijo ella sonrojándose como nunca en su vida. – Bueno te dejo para que sigas trabajando.
– Aunque modestia a parte, no creo encuentres nada.
– Engreído. –le dijo riendo con las cosas que Terry le decía.
– Realista suena mejor. Nos vemos en 2 horas y medias.
– Nos vemos en breve. Engreído–y con esto Candy salió corriendo a bañarse y lavarse el pelo. La primera impresión contaba y ella quería verse linda para él. «¿Por qué siento esto en mi pecho? Es un fuego que me quema cada vez que escucho su voz. Lo raro es que me gusta y deseo más», pensó mientras sacaba de su closet una blusa color rosa y pantalón de jeans.
Cada minuto que pasaba le parecía una eternidad, cada segundo escuchando la voz de sus abogados y los Lagan le parecía una condena. Respiró profundamente cuando por fin cada una de las partes firmó el contrato, estrechó las manos de todos los allí presente y de inmediato salió de aquellas oficinas con destino a su limo para llegar al hotel y poder ver la cara de la mujer que en los últimos días se había instalado en su mente y no podia sacarla.
Entro a su habitación, tiro su saco y la corbata que llevaba en las manos, y se sentó en el sofa par buscar el contacto que él mismo había grabado en el teléfono de la pecosa. Presionó el botón de FaceTime y colocó el teléfono frente a su cara.
El sudor de sus manos demostraba la ansiedad que tenia desde que el reloj le mostraba que el tiempo por el cual tanto había esperado hubo llegado. Miraba fijamente el celular cuando este sonó sacándola de sus pensamientos y dando un brinco por el susto.
– Hola. –le dijo tímidamente mientras el joven la miraba y sonreía de lado. Para su satisfacción, las fotos no eran ni cerca a la bella mujer que hoy tenia en su pantalla. Miró sus ojos, labios y cada pequeña peca de su rostro.
Hola pecas…. ¿Un placer al fin conocerte?
– Un placer conocerte engreído mocoso – ¿Pensé que me llamarías bello engreído? –le preguntó pícaro y guillándole un ojo. Ella puso sus ojos en blanco y sonrió pues comenzaban un juego que desde ya le gustaba.
Por mas 5 horas estuvieron hablando, conociendo y burlándose el uno del otro. Sus risas llegaron a escucharse en cada habitación y se sintieron que eso ya lo habían vivido y que no le faltaba más por conocerse.
– ¿Entonces nos vemos mañana señorita pecas?
– Yo hago la pasta y usted caballero trae la bebida y el pastel de chocolate. –confirmó la joven de ojos verdes.
– Es un trato. –respondió feliz ante la idea de estar con alguien en estas fechas– Es la primer vez en lo que vivo en este país que no estaré solo en navidad.
– Y que probará el majar de mi mesa. Una pasta creada por Chef Candy
– Pararé en la farmacia de camino y compraré pastillas para el dolor de estomago. Dicen que es mejor prevenir que lamentar. Jajaja –dijo carcajeándose fuertemente al ver cómo la joven le sacaba la lengua y su cara se ponía roja.
– Tendrás que ir a comer a McDonalds si sigue riéndose de mi arte culinaria.
– No… Cualquier cosa antes que esa comida. Tranquila pecas es solo una broma. Estoy seguro que eres experta en la cocina.
– No lo dudes ni por un segundo. Bueno ya es tarde y mañana viajas.
– Si. Mañana a las 3:00pm llego, paso por mi casa y luego la tuya.
– Hasta mañana. Y dulce sueños.
– Hasta mañana pecosa, igual para ti dulce sueños.
Ambos cerraron y sonrieron felizmente por el reencuentro pautado para mañana. Ella suspiró mientras abrazaba el celular y cerró los ojos recordando el momento que había pasado con Terry.
Desde temprano se estuvieron enviándose texto. Él desde que abrió lo ojos antes de ir al gym y ella durante todo el día le contaba lo que hacia para preparar la cena. Una sencilla pasta, pero el entusiasmo y dedicación a la misma fue increíble. Nunca había necesitado tanto de su amiga Annie para que le dijese si estaba bien o si le faltaba algo. Desde antes de la 3:30 su casa brilla, la pequeña mesa del comedor para dos preparada con lo mejor que tenia y junto al pequeño árbol de navidad un regalo. Temprano había buscado que comprarle a Terry y al verlo en la vitrina no dudó dos veces. Se colocó un vestido rojo con blanco pegado a su cuerpo, zapatos de tacón rojo, su pelo en una largo cola de caballo, se maquilló sencillo como siempre lo hacia y se sentó en su mueble a esperar mientras tenia aquel aparato en sus manos.
Esta vez no tuvo ninguna queja del vuelo, al contrario, se encontraba feliz de que por fin volvería a su ciudad. Su pecho vibraba con tan sólo recordar la voz de la pecosa que le esperaba. Se sentía emocionado de que por primera ve en mucho tiempo alguien esperaba por él, que preparara algo para él y que deseara verlo.
Llegó a su Pen house, se dio un baño, vistió con una camisa blanca, plantaron de mezclilla y tomó aquel paquete que le había pedido a su asistente le comprara y dejase en su hogar. Subió a su coche, puso la dirección de la joven en su GPS y por primera vez en mucho tiempo prendió la radio para escuchar música y tararearlas durante todo el camino.
Al llegar miró que el edificio, cuya apariencia no esta mal, subió las escaleras hasta el segundo piso y tocó el timbre a espera que la dueña de aquel lugar le abriera. Ella corrió al escucharlo y enseguida abrió la puerta quedando pasmada y embobada ante la presencia de este hombre, que si antes había pensado era bien parecido, ahora la dejaba sin palabras. Por su parte él se perdió en aquellas verdes lagunas verdes, en aquel tono rosa de sus labios y en las pecas de su nariz; era hermosamente bella, inaguantablemente bella y no tenia palabras suficiente para describir lo que sus ojos veían en estos momentos.
– Hola –dijo tímidamente ella sin dejar de verle y mordiendo su labio inferior.
– Hola señorita Pecas. –hablaba, pero su mente estaba perdida en la mujer que tenia frente a él en estos momentos.
– Bienvenido a casa, pasa por favor. –El entró y su corazón brincó al escuchar esas palabras, algo en él deseó que fuese siempre, a toda hora y por primera vez deseó lo que tanto había dicho que no quería…. Un hogar, alguien que le esperara al llegar.
– Es muy hermoso tu apartamento. –le dijo mientras miraba el pequeño espacio y sonreía al conocer los gustos de la joven.
– Gracias
– Te traje esto. Feliz navidad. Espero te guste, ábrelo. –Ella tomó el paquete feliz como niña con juguete nuevo y caminó al árbol.
– No debiste y claro que no lo voy a abrir. –exclamó la joven volviendo a ponerse frente a él– Navidad es mañana y los regalos se abren mañana. Así caballero tendrá que esperar a abrir su regalo. –y sonriendo le mostró el paquete con el regalo que le había comprado.
– ¿Para mí? No debió hacerlo señorita pecas. –dijo, sin embargo estaba feliz de saber que ella también había pensado en él.
– Quise hacerlo y ven que se enfría la comida.
Cenaron como si fuesen viejos conocidos, compartieron tantas anécdotas y recuerdos mientras tomaban de aquel vino que él había tomado de su despensa. No se dieron cuenta cuando el sueño los venció y ella quedó dormida en sus brazos. Nunca habían dormido tan tranquilos, la mañana llegó dandole la bienvenida al principio de una nueva ilusión.
La luz del nuevo día acarició la cara de Candy mientras una sonrisa surcaba sus labios. Habla descansado como nunca en toda su vida, se sentía plena, se sentía feliz, se sentía abrazada por unos fuertes brazos. El, quien tenia ya rato despierto la miraba sonriente; se encontraban en la cama de la pecosa ¿Cómo? No sabia y tampoco le importaba.
– Buenos días bella durmiente.
– Bu, buenos días Terrence… – Feliz navidad. –dijo sonriendo y dandole un beso en la mejilla
– Feliz navidad Terry. Ahora fue el turno de ella de devolverle el beso, pero él movió el rostro y la besó en los labios como había deseado desde el primero segundo que la vio. Sintiendo que ese momento era el mas sublime que había vivido en toda su vida.
– Ahora sí, Feliz Navidad.
Fin!!!

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